sábado, 27 de abril de 2013

TOMANDO DECISIONES

DILEMAS MORALES



La mayor parte de los dilemas morales no se dan entre un valor y un contravalor sino más bien entre dos
valores que se ponen en conflicto en una situación concreta.
Esta herramienta invita a los estudiantes a ponerse en este tipo de situaciones que plantean dilemas al
modo de pensar y actuar, y a tomar una posición frente a ellas.Te presento algunos dilemas para que ejercites la toma de decisiones, dilemas pensados en situaciones que te pueden ser familiares. te invito a leerlos y reflexionar acerca de ellos. "Adelante"

1.-En la casa de Nicolás no hay plata para comer.
Un vecino le ofrece que venda unos cigarros de
marihuana para obtener unos pesitos.
Nicolás no sabe si aceptar o no el ofrecimiento.
Sabe que si vende esos cigarros habrá comida en
casa, y la angustia de su madre disminuirá. Pero,
por otra parte, sabe que vender marihuana no es
algo legal ni bueno.
¿Qué harías tú en su lugar?


2.-Roberto ve a unos amigos robando el examen
final de Lenguaje, sin que ellos lo notaran.
Roberto se queda callado porque piensa que
nunca es bueno delatar. Pero, cuando le echan la
culpa a un alumno que no tuvo nada que ver, se
siente impulsado a decir la verdad.
¿Qué debería hacer, de acuerdo a tu opinión?


3.-. La mejor amiga de Iris le confiesa que no está comiendo
nada porque quiere adelgazar, y que cuando come, porque ya
no da más de hambre, se provoca vómitos para que su cuerpo
no aproveche el alimento.
Iris siente ganas de llamar a la madre de su amiga para contarle,
pues tiene miedo que se enferme. Pero piensa que su amiga le
contó lo que hacía, porque siente confianza en ella. De manera,
que no sabe ya qué hacer.
¿Cuál debería ser su conducta y por qué?


4.-En el recreo, Sebastián sorprende a unos
compañeros de curso pegándole a un alumno
más chico. Sebastián golpea a sus compañeros
para que no sigan lastimando al niño.
Después se queda pensando que hizo lo mismo que le hicieron
al niño y no está muy seguro de haber hecho lo correcto.
¿Podrías ayudarlo a examinar detenidamente la situación
para que pueda comprender si actuó bien o mal?


5.-Una de las mejores amigas de Claudia se está
emborrachando durante los fines de semana; a veces, bebe
durante la semana.
Claudia siente ganas de hablar con los profesores/as o con
los padres de su amiga para decirle lo que está pasando, pero
teme que su amiga la considere una traidora.
¿Qué debería hacer Claudia, según tu juicio, y por qué?


6.-Federico necesita pagar una apuesta a un
compañero. Como no tiene la plata, le dice a su papá
que en el colegio le pidieron unos materiales y que por
favor le dé dinero. Su padre se lo da y Federico puede
pagarle la apuesta al compañero.
Después, sintió remordimientos por haberle mentido a
su papá, pero los desechó pensando en que quedó muy
bien con su compañero.
¿Crees tú que Federico actuó bien? ¿Por qué?


7.-Francisco es muy amigo de Carlos. Este
último tiene relaciones sexuales con una chica que es amiga de
ambos, desde niños. Carlos le cuenta que la
chica está embarazada y que le produce mucha
emoción saber que entre ambos han creado una
nueva vida. Pero, que aún son muy jóvenes y que
no desea que ese niño nazca. Le pide, además,
que le ayude a buscar un médico o matrona que
le practique un aborto.
Francisco está algo desconcertado. Por una parte, quiere
ayudar a su amigo, pero, a la vez, le parece espantosa la
idea del aborto.
¿Qué harías tú en su lugar?



viernes, 26 de abril de 2013

EL EXTRAÑO CASO DE LA MOCHILA OLVIDADA


El extraño caso de la mochila olvidada es una historia divertida en la que los alumnos y la trabajadora social  buscan al propietario de la mochila, la cual no lleva en su interior libros lápices y cuadernos.

Negra, con grandes manchas producto de sabrá dios qué combinaciones de sustancias, tal vez chamoy, queso amarillo, chicles ennegrecidos por siempre, saliva, manchas de lodo, placas viejitas con marcadores y hasta con liquid, era lo que el maestro de química llamaría "una mezcla heterogénea". La mochila apareció en uno de los salones a los que nos íbamos a cada hora. Alguien se la llevó a nuestro grupo creyendo que le hacía el paro a alguno de nosotros, siempre tan olvidadizos.
—Ha de ser del Rigo...
—No, yo vi que llevaba su mochila.
—¿Entonces, del Cuino?
—Menos, ése nunca trae mochila, se la quitaron los cholos y no le han vuelto a comprar.
—Pues, sepa...
Después de andar batallando con ella todo el día, se la llevamos a Chayito, la trabajadora social.
—Ahí déjenla, muchachos, al rato viene su dueño, gracias.
La dejamos sobre un mueble donde Chayito tenía un montón de papeles, como expedientes, y ahí se quedó. Tan calladita como si nada. Todo hubiera seguido normal, ir y venir a la escuela, las tareas, entregas de boletas con regaño y todo, investigaciones y exposiciones, como siempre. Maestros exigentes como el Larios de Química y otros no tanto. Pero no. Como la mochila no se movía, para todos empezó a ser una molestia en el zapato, como cuando traes una piedra o un animal. Un día me puse un tenis que traía una cucaracha, y cuando les conté a mis cuates no me la acababa con la canilla.
—Qué gacho eres.
—¿Por qué?
—Ha de haber muerto fulminada, de asfixia, la pobre...
Al principio duró una semana en el lugar donde la dejamos, en la oficina de Chayito. Pasábamos por ahí todos los días y le echábamos un ojo. A la siguiente semana, dejamos de verla y nos conformamos con la idea de que ya hubiera aparecido el dueño. Cuando le preguntamos a Chayito, nos dijo que no, que ahí seguía la mentada mochila, sólo que la había puesto debajo del escritorio porque se veía muy fea. Dijo que investigaría con los alumnos de la mañana. Pasó otro tiempo y... nada. Todas las razones de la mochila seguían ahí. De tanto que preguntábamos, llegó a ser parte de la plática obligada con los camaradas.
—¡Apuesto que aparece esta semana!
—¿Cuánto quieres perder?
—Una torta.
—Pero con una soda, si no, no.
—Sobres, yo cazo las apuestras
Pasó esa semana y otra y otra y la mochila, muy cómoda bajo el escritorio, se hacía vieja. Entonces se nos ocurrió la idea de ir con Chayito y decirle que abriéramos la mochila para ver de quién era. Lo hicimos una tarde. La orientadora nos mandó llamar para el acto tan esperado, en que la misma mochila nos diría a quién pertenecía. |
Ahí estábamos cuando Chayito abrió el primer cierre con lentitud: nada. Completamente vacía. Y así fue abriendo lo cierres pequeños, de donde brotaron gran cantidad de pendientes, broches para el pelo, listones, ligas, artículos dé belleza, espejos, peines, pintalabios, brillos...
En algunos de nosotros se había pintado el desencanto, pero en el fondo seguíamos en pleno suspenso.
—Bueno, vamos a abrir la principal.
Así lo hizo. Primero aparecieron muchos recortes de periódico, luego diminutos calzones de mujer de muchos colores, una peluca, cejas postizas, mascarillas de plástico, toda una maravilla para nuestros ojos y, al final, cuando la trabajadora social volteó la mochila, cayó una nota: "Favor de entregar esta mochila al profesor Tomasito, porque sólo a él le pertenece".
Soltamos tremenda carcajada, porque ese maestro era el más serio de todos los de la escuela, y además siempre andaba muy "chero", o sea muy vaquero...